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Haitianos no se resignan a perder el TPS

 

Foto de la pintura de Shernnett Muhammad ubicada en la Asociación de Mujeres Haitianas de Miami.

Foto de la pintura de Shernnett Muhammad ubicada en la Asociación de Mujeres Haitianas de Miami.

¿Pelearían por nosotros?- preguntó. Sí -respondieron cientos de personas al unísono. “Miles enfrentarían un proceso de deportación y necesito de su ayuda”.

Con estas palabras, Ronhyde Christina Ponthieux, una niña haitiana- americana de 10 años, se paró en medio del escenario del Watsco Center en Coral Gables durante un concierto para alzar la voz por los suyos realizado a finales de septiembre.

Christina, nació en Estados Unidos, pero sus padres no, y se han mantenido en este país bajo el Estatus de Protección Temporal o TPS, por sus siglas en inglés, que les otorga un permiso de trabajo y de residencia a los originarios de países víctimas de desastres naturales o guerras civiles.

Por Maria Fernanda Becerra
South Florida News Service
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Rony Ponthieux, quien es cabeza de la familia, llegó a tierras norteamericanas en 1999. Allí estudió, consiguió un empleo, compró una casa, un auto, tuvo a sus dos hijos; en sí, fundó su hogar. Trabaja como enfermero en el Jackson Memorial Hospital, donde lo llaman el “King” porque nadie puede colocar inyecciones intravenosas como él.

Después de 18 años viviendo aquí y renovando su estatus cada cierto tiempo, Rony y su esposa encaran una etapa controversial en sus vidas, pues la administración de Donald Trump anunció que ese programa se extendería únicamente por seis meses más. Es decir, tendrían hasta el 22 de enero de 2018 para abandonar el país.

La firmeza de las palabras del Secretario de Seguridad John Kelly, quien hizo el anuncio sosteniendo que ese tiempo sería suficiente para que organicen su regreso a Haití, es la que preocupó a los 58 mil haitianos portadores del TPS.

“Esta administración realmente está generando miedo”, dijo Marleine Bastien, directora de Mujeres Haitianas de Miami, quien asegura que se está creando una población de víctimas en el país campeón en derechos humanos.

“Quienes poseen el TPS no son criminales, son personas trabajadoras, pagan impuestos y lo más importante: contribuyen a la economía de Estados Unidos”.

Con estas firmes y sorprendentes palabras para alguien de su corta edad, la pequeña Christina defiende no sólo a sus progenitores sino a toda de su gente.

Coincide con su padre, quien reitera que la mayoría de sus compatriotas vinieron a trabajar. “Están en las fábricas, en los hoteles, en los restaurantes, en el sector de la construcción”.

Sin embargo, la decisión no es terminante y será evaluada nuevamente en noviembre próximo.

Es así que organizaciones, líderes y ciudadanos comunes protagonizan una lucha para convencer al gobierno de que les otorgue una nueva extensión de 18 meses.

Período de tiempo en el que los activistas podrán desarrollar un plan a largo plazo para otorgar estatus permanente a los portadores del TPS que han cumplido la ley, según Fayola Delica, política del sur de la Florida de ascendencia haitiana, miembro de la directiva del Grupo de Consejos de la Pequeña Haití, y quien compitió por el distrito 108 de la Casa de Representantes del estado de La Florida por el Partido Demócrata en 2016.

Delica evoca a Martin Luther King para llamar a todos a luchar por sus hermanos haitianos: “La injusticia en cualquier lugar es una amenaza para la justicia en todas partes”.

¿Cuáles son las primeras consecuencias?

Mientras la cuenta regresiva continúa, los efectos negativos de este problema ya se pueden percibir en el conglomerado de la diáspora que habita la Pequeña Haití, en el norte de Miami.

Según Jean Mapou, propietario de una tradicional librería, los haitianos están abandonando ese área, las escuelas están perdiendo estudiantes porque sus padres poseen TPS e incluso la iglesia está perdiendo gente.

Muchos de ellos habrían iniciado una nueva oleada migratoria hacia Canadá.

En lo que va del año más de 13.200 haitianos han cruzado la frontera hacia ese país en busca de un asilo político, según las autoridades canadienses.

No obstante, la líder Marleine Bastien considera que no es una buena idea ya que pasan de una posición legal aquí a un estatus ilegal allá. Además de que “solo en 50% obtendrá el anhelado asilo”, asegura.

¿Qué pasaría si se cancela definitivamente el TPS?

El temor y la preocupación se agudizan con solo pensar en volver a un país en crisis que todavía no ha logrado recuperarse por completo de la destrucción que causó el terremoto de 2010, que mató a más de 200.000 personas, ni tampoco del huracán Matthew que azotó el país en 2016, dejando unas 1.000 víctimas.

Haití es considerado el país más pobre del hemisferio occidental. Se encuentra en el puesto 163 entre 188 naciones, según el último Índice de Desarrollo Humano de la ONU.

“Sería impensable. Si contamos a los hijos de los que seríamos deportados, hablamos de unas 200 mil personas regresando al mismo tiempo a un país que no tiene nada, ni siquiera agua o casas”, dijo Rony prediciendo el futuro.

Según Naciones Unidas, dos de cada tres haitianos en la isla viven con menos de dos dólares al día. Por todas estas razones, para ellos, volver no es una opción.

¿Qué otras alternativas barajan los haitianos?

Pese a los esfuerzos de los colectivos, esta contienda por mantenerse en el país que han hecho suyo y por evitar la separación de las familias se está tornando compleja.

Por ejemplo, Rony, tratando de solventar su problema, encontró un patrocinador para una visa de trabajo, y esperó con emoción un par de meses por los documentos que certifican que está calificado para laborar en el ámbito de la salud.

Sin embargo, el pasado jueves cuando por fin llegaron los papeles,  recibió una mala noticia de su abogado. De acuerdo con la ley no puede pasar del TPS a un patrocinio. “No hay forma para mí de obtener el estatus permanente, con el TPS tú eres nada, eres basura”, lamentó.

Aunque las cartas no están a su favor por ahora, mantienen la esperanza, y seguirán dando batalla, porque se conciben como un pueblo luchador.

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